Siguiendo el Sueño Americano

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En 1947, Agustín Peralta Fimbres, mi abuelo era dueño de un mercado de abarrotes en una vecindad mexicana cerca del centro de Phoenix, Arizona. A la vez, empezó un negocio de especias al cual le puso Chili King. Empacaba y distribuía especias y productos como chile colorado, orégano, comino, saladitos, canela entera, pinole, piloncillo y especias combinados para menudo. Mi tata Agustín hablaba muy poco inglés, era un dueño de negocios honrado, muy involucrado en su comunidad y un hombre muy trabajador. 

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Cuando mi tata se jubiló, mi papa, Bernardo ‘Lalo’ Peralta Samaniego fue designado a estar al frente del negocio. Don Lalo, había servido honorablemente en la Marina de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente trabajó como agricultor y ganadero en Bavispe, Sonora, México. Una vez al frente del negocio, mi papa viajaba a Sonora, Chihuahua, Nuevo México, Los Ángeles y Louisiana a comprar chile y especias.  Con su esfuerzo y labor, pudo ganarse la vida proveyendo para su familia, su esposa y ocho hijos.

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Nosotros, los hijos ayudábamos en el negocio Chili King, empacando especias al salir de clases, pero mi papa siempre insistió que la tarea escolar llevara prioridad.  Nos inculco que fuéramos titulados.  Subrayó la importancia de una educación universitaria y una carrera que alimentara el alma y a la familia.  Su anhelo y sueño siempre fue que sus hijos prosperaran en los Estados Unidos.

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Mientras que mi papa, viajaba y llevaba acabo el negocio, mi mama, Elisa ‘Licha’ Olivas de Peralta dirigía un hogar amoroso.  Se aseguró que tuviéramos todo para apoyar nuestra educación, y fomentó un ambiente de fe, integridad y bienestar moral.  Dedicaba muchas horas cocinando las mejores comidas mexicanas tradicionales y caseras.

Don Lalo y Doña Licha eran la representación más ejemplar de trabajar en equipo de relación de pareja.

Chicamonina Se Une Al Negocio

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Cuando mis hermanos mayores se inscribieron a estudiar su carrera universitaria, me toco a mi trabajar en Chili King.  A mis doce años, al igual que mis hermanos, empacaba canela, saladitos, piloncillo, y especias para el menudo. Aunque mis padres proporcionaran un hogar maravilloso, excelente comida casera y una buena educación escolar parroquial, estaba muy agradecida por mi compensación semanal, y orgullosa de estar contribuyendo al negocio familiar. De niña pasaba mis veranos con mi tía, primas y hermanos en el pueblo agrónimo de Banámichi, Sonora, Mexico.  Se me asignaba trabajo laboral, pero me gustaban más las tareas relacionadas a la comida – como rostizar el café crudo en un sartén sobre la fogata de leña de mezquite y moler el café a mano en el molino. No consideraba esto trabajo porque se me estaba instruyendo acerca de preparación de comida. 

Los agricultores de Banámichi sembraban chile verde, maíz y calabacitas. Mi comida predilecta son los tamales de elote. ¡Delicioso! Mi prima, Juanita Aguilar Olivas me enseño a tatemar chile verde y a desgranar maíz.  Mi trabajo era moler el maíz en un molino. Pasábamos el día completo preparando masa y haciendo tamales. Aprendí mucho de Juanita sobre la preparación de comida de acuerdo a la cosecha de la región y de las milpas.

Adultez

Después de recibir mis títulos universitarios de ciencias y negocios avanzados, disfruté de una larga y próspera carrera en las principales firmas aeroespaciales; viajando por el mundo y expandiendo mis horizontes.  Pero nunca perdí mi pasión por cocinar y crear recetas.  Mi lado creativo artístico continuó dirigiéndome a la cocina.

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Cuando no estaba trabajando o viajando por negocios, participaba en eventos gastronómicos, visitaba programas gastronómicos, organizaba clubs de cocina, pasé demasiadas horas viendo programas de cocina en la televisión, y leía muchos artículos, blogs, etc. relacionados con la comida étnica. Realmente disfrutaba cocinando para mis amigos y familiares.  Obviamente, esta era mi pasión.  

Al mudarme al Noreste de Estados Unidos, tuve la bendición de tener muchas amistades aficionadas a la cocina. Hacíamos fiestas de tatemar chile verde con chile verde recién pizcado que mandaba traer de Nuevo México. Recuerdo una vez, al regresar de Arizona, me traje una maleta repleta de chile verde. Los vecinos vinieron a ver cual era el alboroto al oler el chile tatemándose – era la primera vez que olían y probaban chile verde tatemado.

Aunque visitaba regularmente a mi familia en Arizona, donde pasaba días cocinando con ellos, tenía un profundo deseo de comer comida mexicana auténtica en la región donde vivo, especialmente sabroso, puro y autentico chile colorado.

Un día, en el otoño de 2017, hice chile colorado con pollo. La reacción de mis amigos fue desbordante. Al ver eso, seguí buscando la forma de poder proveer y hacer accesible chile colorado autentico y sabroso para el pueblo del Noreste.  Finalmente, llegué a la conclusión que la mejor manera de poder proveer esto, seria de crear una mezcla del mejor chile colorado mexicano, del mejor chile rojo seco de Nuevo México.  Sería sin productos químicos y preservativos; sería sumamente imperativo que fuera puesto a secar en el sol - sin semillas, sin chicata y también sería mezclado a mano con las especias especiales.  Sería auténtico mexicano - el verdadero trato: limpio, sabroso, y fácil de preparar en casa.

Así es como nació este negocio. ¿Se preguntarán, que sí que tiene que ver esto con Chicamonina? Pues, Chicamonina es el apodo que mi papa me dio y significa - ¡AMOR!  Es un apodo cariñoso; un término de afecto para una persona especial en tu vida; una persona a la cual se siente amor. 

Mis productos están hechos a mano, muy artesanal, hechos con mucho amor y cuidado. Este negocio nace de mi historia, mis antecedentes, mi familia y del amor que compartimos; nace del negocio familiar de especias y la gran comida casera.

El negocio encarna Chicamonina.